LOS ERRORES DE TALVI

Hace poco más de un año, Talvi ganaba la interna del Partido Colorado (PC) con 97.447 votos. Desde entonces, ha cometido errores toscos, petisos e inverosímiles.

Entre julio y octubre de 2019 mostró no entender los resultados de las internas: criticó a los blancos; coqueteó con la izquierda moderada; cerró la puerta a un senado de Bordaberry; se opuso a Manini Ríos; y mientras que hacía un berrinche por no figurar en debates, creyó que podía pasar al balotaje, cuando solo venía de obtener unos 5.000 votos más que Sartori.

 

Recibió una respuesta doble. Primero, del aparato cultural y político de la izquierda, que lo liquidó en pocas semanas por pretender competir en su nicho socialdemócrata: denostaron sin tregua al neoliberal Chicago-boy, y le calumniaron infamemente a su vicepresidente. Segunda voz, más importante, la del pueblo: en octubre, su senado recibió menos votos que los de Sanguinetti y Zubía juntos, lo que fue evidentemente un pésimo resultado; y con 12,34% del total, el PC por él conducido obtuvo su segunda peor votación histórica (luego de la catástrofe de 2004).

Pero siguió cometiendo errores. En la interna del PC, en vez de premiar a sus dirigentes con la dirección del partido, ganada en buena ley en la interna, creyó que debía dejársela a Sanguinetti. Luego, en vez de hacerse fuerte en el Senado, aceptó un ministerio. Le explicaron que era inconveniente por su lugar político, ya que siempre y naturalmente ser ministro implica cierta subordinación al presidente de la República. Le mostraron la opción, distinta y cercana, de Manini Ríos. No quiso escuchar, ni ver.

 

Ya ministro, creyó que él definía solo los cargos diplomáticos relevantes. Por ejemplo, se le ocurrió que el senador blanco Abreu debía ser embajador en Argentina, y sin haber consultado al presidente, le ofreció ese lugar tan relevante. Obviamente, no resultó. Esta otra torpeza es también de antología a los dos meses de empezar el gobierno, sintió una especie de crisis vocacional radical, y cuando trascendió su renuncia, aclaró que ella ocurriría sí, pero más adelante. ¿Alguna vez se vio a un ministro renunciar en diferido, y lograr mantenerse así en el cargo durante meses? Solo contarlo, da pena y risa a la vez.

 

Hubo más errores. Siendo canciller, se excusó en una tontería para evitar afirmar que Venezuela sufre una dictadura; dejó filtrar luego su disconformidad con la opción de Lacalle Pou por el candidato a presidente del BID, pero no acordó tal posición ni siquiera con la segunda de su ministerio, que integra su sector político y que lo contradijo rápidamente; aceptó el error de ceder a Sanguinetti la secretaría del PC, pero anunció que no lo enmendará; no fue claro sobre cuál será su lugar (¿senador activo o solo presidente de Ciudadanos?); sugirió a un técnico al frente del ministerio de Ambiente, en vez de reconocer la importancia de su segundo al Senado, Peña; pretendió fijar líneas estratégicas futuras en relaciones exteriores, habiendo ya anunciado su renuncia; y finalmente, dio un portazo guarango en plena cumbre del Mercosur.

 

Si hay dirigentes duchos en política, esos son los colorados. Seguramente en la calle Martínez Trueba todos tengan claro ya que, con este talante, el único destino político posible de Talvi es el precipicio.

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