La tiranía de la tribu

Desde la invención de la imprenta no ha habido una revolución tecnológica que haya tenido tanto impacto en la historia humana como la socialización global de internet. Nunca como en este siglo tuvimos tanta información al alcance de la mano y, sin embargo, nunca estuvimos tan a merced de la tiranía de la tribu.
La llegada de la posverdad, que relega el dato objetivo ante las emociones que este genera, brinda una herramienta inmejorable para crear opinión pública. Se manejan “verdades alternativas” que en lenguaje llano son “mentiras” dirigidas a ciudadanos cada vez menos dispuestos a leer, a comprobar y a manejar datos probables.
La generalización de estas verdades borra la frontera entre verdad o mentira, y todo se vuelve relativo. Esta manipulación se ha generalizado a políticos y periodistas.
Como decía Friedrich Nietzsche, detrás de toda verdad hay formas encubiertas, toda imagen llega viciada a nuestros ojos. Las neurociencias han confirmado que las emociones configuran nuestros pensamientos y tiñen la interpretación del entorno.
Hoy padecemos una tolerancia extrema hacia el periodismo de trincheras, que consiste en narrar los hechos tal como a uno le gustaría que ocurrieran, hacer teorías, predicciones y muchas veces, propaganda. Lo cotidiano es la información sesgada en la que se afirman premisas falsas para acompañar el humor social o lo que es cada vez más común, alentada por la ignorancia supina del periodista.
En los grandes medios se repiten verdades alternativas sin advertir el riesgo que implica construir debates sobre hechos no comprobados o deliberadamente sesgados. Entonces, la mentira se expande con facilidad entre una ciudadanía poco afecta a leer y dispuesta a creer todo aquello que le confirme su pertenencia al grupo o tribu.

Pero no solo hay una intención de crear información basura, también hay un aburguesamiento y una enorme pereza por informarse.
En programas de radio y televisión se alientan debates con gente de sapiencia dudosa que justifica su dogmatismo a través de verdades alternativas a sabiendas que no llegará una repregunta que los interpele.
Se repite información que menoscaba la verdad en busca de crear simpatías y el libreto previsible es el gran protagonista, un libreto que persigue generar empatía con la opinión, sin habilitar una discusión razonable.
Se genera entonces una Ilusión de consenso alentada por el temor a disentir del que no aprueba el libreto y esto es evidente en ciertos colectivos cada vez más violentos.
En estos tiempos asfixiantemente feminizados escuchamos un manojo de falsas verdades o verdades alternativas. Se omite información objetiva para justificar un relato que manipula los fenómenos sociales e históricos.
Escuchamos palabras vacías de contenido como “inclusión” y “género” para justificar la creación de cargos estatales bajo el influjo de organismos internacionales cooptados por ideologías, con una dinámica perversa que trata al ciudadano como un ser primitivo capaz de esperar la lluvia tras un toque de tambores.
Esta técnica de deformar la realidad es posible en una sociedad poco educada y ha saltado a la agenda de los políticos, cada vez más acostumbrados a repetir slogans destinados a acompañar el humor social de cara a futuras elecciones.
Así se consagra la perversidad de “lo que no se dice en los medios, no existe” y se mantiene el discurso hegemónico en lugar de abrir un abanico de opiniones que conduzca a una discusión razonable de los problemas que hoy nos aquejan.
Herbert Marcuse afirmaba acertadamente que el nuevo totalitarismo toma forma de relativismo en donde verdades y mentiras coexisten en la más absoluta indiferencia.
Vivimos un proceso de deconstrucción social que busca crear “El hombre nuevo”, proceso que ya vimos en la Alemania nazi y en la Rusia bolchevique. Se pretende deconstruir a las mayorías para contemplar a las minorías, en lugar de incluirlas sin destrozar al resto. No es necesario decir los resultados nefastos de convertir al ser humano en una plastilina para moldear a gusto del consumidor y los datos superan al relato.
Días pasados llegamos al extremo de escuchar a María Noel Vaeza, directora de ONU Mujeres afirmar muy suelta de cuerpo que en esta región padecemos las mayores diferencias de género en el mundo. ¿No hay periodistas o funcionarios con el suficiente temple como para replicar a este dato falaz que nos coloca por debajo de Yemen, Irán o Arabia Saudita?
Lamentablemente los programas se abarrotan de gente mediocre, capaz de vender sus reclamos al bajo precio de su necesidad y movilizar masas irreflexivas que, a puño alzado recitan lo que les dice un panfleto altamente ideologizado.
Hoy no denuncian flagelos reales como lo hacían antaño, por eso no nos representan.
Ya no luchan contra la trata de blancas o la pedofilia, luchan contra la ciencia para licuar de la agenda la composición cromosómica. Ya no laboran para construir una sociedad justa y amorosa, luchan contra las vocales A y O que alegan destruyen la dignidad femenina. Hoy no construyen casas de acogida ni guarderías infantiles, sino baños “Inclusivos” como si el lugar en donde orinas definiera tu dignidad.
¿Será que los fondos internacionales que hoy mandatan cómo debemos pensar llegan al puerto de Montevideo tan copiosamente como hace 100 años lo hacían los inmigrantes?
Nunca se dedicó más dinero en inútiles “políticas de género”, y nunca las muertes intrafamiliares crecieron tanto. Se parte del diagnóstico errado y se prefiere mirar sin ver, oír sin escuchar, hablar sin decir nada, actuar sin proponer ni transformar.
Mientras existan medios capaces de hipotecar su línea editorial al mejor postor, mientras sigan siendo los maestros de la desinformación y no duden en esquilmar a ciudadanos manipulables, nunca saldremos de los problemas reales.
Los códigos de ética periodística exigen verdad, objetividad, veracidad y exactitud.
El manejo de verdades alternativas es todo lo opuesto y es un elemento peligroso para el progreso, la libertad y la convivencia de cualquier sociedad democrática.
Mas peligrosas resultan cuando se legitiman desde el poder.

Para comprender de qué estamos hablando les dejo acá la Metáfora de los cerdos salvajes: https://youtu.be/xEqFCufqpkQ


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