Cuba, complicidades y el «Pensamiento Alicia»    

Cuba, complicidades y el pensamiento Alicia.

En las últimas décadas he visitado a varios intelectuales en sus villas europeas, gozando cómodamente de los lujos que brinda el capitalismo.

Muchos de ellos solían aparecer públicamente en sus visitas a Cuba, fumando habanos con los Castro y defendiendo enfáticamente un régimen que ha avasallado todas las libertades ciudadanas, bajo el poder de un Estado militarizado al extremo.

Esto hace necesario diferenciar al comunista, del que trabaja de comunista.

Este último espécimen se extendió por el mundo como embajador de las maravillas del régimen cubano, recibiendo enormes flujos de dinero del régimen en el empeño de cimentar y mantener la parodia de la revolución.

Es imposible comprender el proceso cubano y la duración del mismo, sin atender la interrelación entre la intelectualidad y el proyecto revolucionario.

Hay que recordar que, en el contexto socialista, la politización de la intelectualidad ha sido una herramienta fundamental, alentando la imagen del intelectual militante, entregado a la causa de la revolución.

Fidel Castro, Ernesto Guevara, Alfredo Guevara y otros integrantes claves de la revolución fomentaron una intensa vida cultural por medio del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, la Sociedad Cultura Nuestro Tiempo, el Grupo Orígenes, Casa de las Américas, la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana y otros tantos.

Estos institutos se ocuparon de sacralizar la revolución y exportar el modelo cubano a universidades, a la literatura y a cenáculos de todo el mundo.

Este mecanismo no solo afirmó el régimen, viabilizó su supervivencia con el método de financiar a miles de intelectuales que vivieron a cuerpo de rey con los dineros del tío Fidel, mientras los cubanos padecían su propio viacrucis.

Así, la izquierda internacional sostuvo el mito cubano, aun luego de que las imágenes y noticias de muerte y atropellos, se diseminaran a nivel global.

Se fraguó un neolenguaje para referir al sistema totalitario de la isla que fue rápidamente adoptado por los medios de comunicación, la política y organismos internacionales lo que explica que hoy millones de ciudadanos sean reticentes a llamar al régimen como lo que es: una feroz dictadura.

El lenguaje revolucionario fue cambiando con los años, pasando de la utopía, a lo que el filósofo Gustavo Bueno denomina el “Pensamiento Alicia “.

Precisamente fue la invalidación por parte de la intelectualidad de toda crítica a la revolución lo que alentó a Fidel Castro a plantear sueños, más que objetivos, sin aplicar más políticas que la represión sistemática de sus ciudadanos.

Se abandonó la consideración de las dificultades para alcanzar la meta, para centrarse en un discurso maravilloso que se alcanzaría, casi por designo divino. El carácter casi mesiánico del que fue imbuido Fidel Castro y su carisma personal fueron pieza fundamental para mantenerlo en el poder.

Su discurso triunfalista y muy alejado de la realidad lo mantuvo, pese a la enorme disonancia entre el mundo real y el País de las Maravilla.

Fidel, Raúl y, hoy, Miguel Díaz Canel han contado con enormes complicidades a la hora de mantener el poder y justo es decirlo que, con diferentes ropajes, políticos y organismos internacionales se han empeñado en mantener el manto de silencio sobre la realidad escondida tras el “buenismo” revolucionario.

La fuerza de la realidad hoy se impone, un pueblo hambriento de libertades ha rasgado el manto que cubría el espejo revolucionario, dejando expuesta toda su crueldad. Un régimen asesino que, lejos del mundo maravilloso de Alicia, nos descubre una Cuba pobre, diezmada y maniatada durante 60 años.  

Mercedes Vigil

 

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